Podría detenerme aquí y, sin pensar mucho, se me ocurrirían muchas razones para justificar el estudio de las matemáticas. Sin embargo, dado que esto es un tema harto debatido en todos los niveles de la educación, cabría hacérse la pregunta desde un punto de vista totalmente diferente y resultaría algo como: ¿Por qué no estudiar matemáticas?.

En efecto, las tres cuartes partes de cualquier curso (al menos) detestan las matemáticas; una octava parte las tolera y tal vez (en el mejor de los casos) sólo una octava parte tiene el preciado talento de comprender los fundamentos de esta hermosa ciencia sin parecer que viene de otro mundo remoto donde los cerebros sirven para algo más que llevar los resultados del fútbol o cualquier otro deporte.

Me sorprende ver jóvenes (niños en realidad) que son capaces de comprender y establecer todas los posibles escenarios de un equipo de fútbol simplemente considerando la cantidad de puntos que han acumulado y los partidos que les faltan por jugar, mintras que por otro lado muestran una total incapacidad para desarrollar los mas fundamentales principios matemáticos impartidos en un aula de clase.

En una oportunidad llegó este comentario a mis oídos de un chico de unos 14 años que caminaba por los pasillo de un colegio en el cual me desempeñaba como docente.

"Si empantamos con tal equipo y le ganamos por más de cuatro goles a este otro y además pierde aquél con aquellos los dos partidos que le faltan, entonces empatamos y vamos al repechaje"

Sin saberlo, este muchacho estaba haciendo una predicción en base a un razonamiento analítico perfectamente lógico y sin lugar a fallo. Cada una de las situaciones que planteaba era perfectamente factible en el papel, restando sólo el factor humano para que se diera uno u otro resultado. Si le hubiera felicitado por el excelente razonamiento analítico que acababa de hacer, lo más seguro es que me mirara con ojos extraviados y me dijera: "¿excelente qué?"

Y es que es así. No lo saben pero los jóvenes tienen un extraordinario talento para este tipo de ejercicio neuronal. Tienen una facilidad enorme, con la que nosotros (tristes dinosaurios de una época pre-informática) apenas vislumbrábamos con la escasa información que llegaba a nuestras manos.

La utilidad de las matemáticas, como ciencia forjadora de razonamiento analítico, está más que comprobada. Cada uno de los profesionales que sale de nuestas universidades tiene que enfrentar situaciones que ameritan decisiones en las que el sistema ensayo-error no está permitido, así que requiere de un análisis profundo y a la vez oportuno (que no siempre tiene que ser el más rápido).

El punto es que, sin saberlo (y sin quererlo) utilizamos las matemáticas en nuestras actividades diarias. La enseñanza en aula, metódica y sistemática, es la que, en teoría, canaliza, ordena y separa lo accesorio de lo realmente útil. Pero es en su aplicación donde realmente encontramos la satisfacción de lo aprendido, aunque en el razonamiento no empleemos ni una de las irritantes destrezas matemáticas que nos metieron a la "fuerza" y a disgusto durante interminables horas de clase que, con mucho más placer, hubiésemos dedicado a mirar un partido del Real Madrid vs el BarÇa.

Para terminar con razones más contundentes que las que podría yo encontrar en un siglo, les dejo una reproducción del libro "El Hombre que calculaba" (C), de Malba Tahan (César de Mello e Souza) (Sólo con fines estrictamente educativos). Quien lee este libro queda marcado para siempre por una atracción indisoluble hacia la ciecia de los números. Les invito a leerlo, les aseguro que no tiene pérdida. Lean cuidadosamente la introducción que hace el autor.